VIDEOLLAMADAS, EL INVENTO MÁS DESCONOCIDO DE LA ALEMANIA NAZI

En plena crisis sanitaria global provocada por el coronavirus chino o COVID-19, miles de cientos de aplicaciones de comunicaciones han visto cómo aumentaban como la espuma las descargas de sus aplicaciones que permiten realizar video llamadas entre los usuarios con el fin de poder mantener el contacto, ver y escuchar, aunque sea de manera telemática, a los seres queridos, amigos, compañeros de trabajo, etc…

Sin embargo, las videollamadas no son un invento de este siglo ni las descubrieron los creadores de las actuales redes sociales.

Hace más de 80 años, en pleno apogeo del Tercer Reich, cuando Adolf Hitler ya tenía sometida bajo su yugo a la gran parte del continente europeo y soñaba con anexionar territorios anexos (la extinta URSS, norte de África, etc…), se estableció; aprovechando una serie de investigaciones respecto a las emisiones de televisión, auténtica obsesión para Joseph Goebbels dentro de su campaña de promoción para el régimen, la primera línea fija de video llamadas entre las ciudades de Berlín y Leipzig. Las Reich Post (oficinas de correos) que en ellas se encontraban, estaban conectadas por un cable coaxial de banda ancha de nada más y nada menos 160 kilómetros de longitud.

Tras comprobar el funcionamiento y la calidad del servicio, los ingenieros alemanes decidieron continuar instalados más kilómetros de cable hacia diferentes ciudades dentro del territorio alemán, como fueron Hamburgo, Múnich o Núremberg. En pleno auge del servicio, la red de telecomunicaciones superaba con creces los 1.000 kilómetros de longitud de cable instalado.

Videollamadas, el invento de los nazis 80 años antes de WhatsApp

En un principio el servicio fue concebido para uso público, pero presentaba varios inconvenientes, entre los que destacaban principalmente dos:

  •   Para poder realizar la videollamada era necesario que ambas personas se desplazarán a la oficina de correos.
  •   La privacidad era algo que brillaba por su ausencia, ya que la conexión se realizaba punto a punto por una de las centralitas telefónicas de la época.

Pero la palma en cuanto a los inconvenientes del servicio era el precio que rondaba los 3,5 marcos alemanes de la época que, en aquellos tiempos, suponían alrededor del 7% del salario medio que recibían los trabajadores alemanes de aquellos años.

El invento se presentó al mundo en los Juegos Olímpicos de Berlín del año 1936, recibiendo el nombre de Fernseh Prechstelle (el lugar de hablar por televisión) y fue utilizado por la maquinaria de propaganda nazi para glorificar y reivindicar el progreso de Alemania.

El funcionamiento del sistema nazi, comparándolo con los estándares de calidad de video y audio de los que disponemos hoy en día, ofrecía unos resultados que se podrían denominar como cutres. Pero el resultado en cuanto a vídeo y audio eran muy sorprendentes en aquello época.

Los usuarios se sentaban en unas cabinas anexas a las centralitas telefónicas y cogían el auricular de unos teléfonos allí instalados. Frente a ellos se localizaba una pantalla en la que podían ver a su interlocutor. Para poder emitir la imagen, los interlocutores eran escaneados con un haz de luz de control mecánico que escaneaba al usuario a una velocidad de 25 veces por segundo. Para ello utilizaban una célula capaz de capturar hasta 40.000 pixeles.

Con la invasión de Austria, el partido nazi tenía la intención de extender la red de video llamada hasta Viena y otras ciudades del Tercer Reich. Sin embargo el curso de la guerra hizo que el proyecto fuese abandonado y cancelado en 1940, para poder dedicar todos los esfuerzos económicos en sostener la maquinaria bélica de los nazis y su objetivo de control sobre el mundo.