EL ABSURDO JUICIO DEL PUEBLO DE AUTUN CONTRA LAS RATAS

Si existen historias inverosímiles en este mundo cabe destacar esta. Esto ocurrió en una época en la que la justicia no tenia reparos en juzgar a cualquier ser vivo, aunque la situación fuera surrealista, y en la que no se era consciente la suma de dinero que se gastaba para no lograr nada.

Sucedio entre los siglos nueve y catorce, donde registraron numerosos juicios hacia animales como pueden ser los cerdos o las ratas.  Todos los animales tenían sus derechos como los humanos, incluido el tener un abogado defensor.

Un caso que podríamos poner como referencia es el documentado en Francia, en el poblado de Autun durante 1522, cuando los aldeanos pidieron justicia ante la corte eclesiástica, acusando a las ratas de haberse comido la cebada que habían cultivado.

Aunque suene absurdo hoy en día, estos juicios existieron y fueron muy populares en la época.

Tras la correspondiente investigación en el campo, se ordenó ir a un funcionario del tribunal a donde se supone que vivían los roedores acusados para leerles la citación.

Como era de esperar y siguiendo las leyes del momento el tribunal nombró a un abogado como defensor de las ratas, y como era lógico las alimañas no acudieron al juicio, a lo que su abogado argumentó que no se había procedido bien a la hora de notificarlas, ya que tendrían que haber avisado a todas la población de ratas de Francia, no solamente a las de la aldea, ya que lo que se estaba juzgando afectaba en la vida de toda la especie.

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Se citaron otra vez a todas las ratas, pero tampoco aparecieron. Esta vez el abogado argumentó que necesitarían más tiempo para llegar al tribunal, ya que estaban muy dispersas por el campo, a lo que el tribunal le concedió otro retraso.

A la siguiente cita tampoco hubo ninguna rata presente. Esta vez se declaró que las acusadas tenían miedo de que en trayecto al juicio fueran atacadas por algún gato hostil, por lo que reclamaban a las cortes la protección necesaria y marcada por la ley.

Cuando ya el recurso no tenía validez para los jueces, el ya conocido abogado, utilizó su ultima carta apelando al sentido de humanidad de la corte ya que no era justo condenar a todas las ratas por los crímenes de una pequeña parte.

Por fin el juez, tras escuchar al abogado, y puede que cansado por sus objeciones, decidió aplazar el juicio indefinidamente.

No todos los animales llevados a juicio corrieron la misma suerte que estas ratas. Otros casos como el que condenaba a los topos a ser excomulgado en Italia, en el valle de Aosta, en el año 1824 o hasta un perro sentenciado a muerte en Suecia en el año 1906.

 

También fueron procesados por las cortes, tanto eclesiásticas como laicas, a toros, gallos, cerdos, asnos, orugas, hasta osos….

 Estos juicios costaban una gran suma de dinero. Tenían que pagar a los abogados defensores para los animales, debían alimentar al animal acusado mientras estuviera detenido y si el juez fallaba en contra del acusado y lo condenaba a muerte, toda la comunidad tendría que poner dinero de su bolsillo para pagar el jornal del verdugo.

El joven abogado de las ratas, se llamaba Chassenée y gracias a este juicio se ganó una gran reputación.

Participó y tuvo un gran papel en el desarrollo del pensamiento legal del país galo del siglo XVI. 

Salvó a mucha gente y animales de un fatal destino, y se dice murió en 1541, envenenado con un ramo de flores.